DEL EDICTO DE ETREUM
- Instalación-
“ Todo es viviente, lo que llamamos
muerte es una abstracción”
David Bohm
El proceso creativo de Gilberto Cerón
se viene desarrollando desde hace muchos años en forma circular,
es decir, que no transcurre linealmente sino que siempre está
involucrando sus encuentros y aciertos anteriores con los nuevos enfoques
y medios que su permanente investigación le ponen al alcance.
Mas que una perspectiva su obra nos deja ver un desarrollo orbital
cuyo eje central es su aproximación intuitiva a la vida como
principio mágico del ser, al amor, al deseo y como equilibrante
fundamental, el inexorable paso de tiempo, la destrucción y
la muerte. Los elementos que emplea, a parte de su sensibilidad poética,
son todos aquellos medios plásticos que responden a la mejor
manifestación de la intención creativa y a su necesidad
de expresión. Son la cerámica, el dibujo, la pintura,
la talla, la fotografía, la escultura, elementos a los que
recurre con gran acierto para dejar en el arte la huella de su mundo
surrealista y mágico. Su oficio no se restringe a los medios
tradicionales de elaboración sino que involucra también,
materia orgánica, elementos de deshecho y lo mas nuevo de materiales
y procesos industriales. Su calidad de artista lo llevan a transformar
todo lo que esté a su alcance para manifestarse.
Gilberto Cerón al plantear esta instalación,
“Del edicto de Etreum”, tiene en cuenta
el espacio arquitectónico que la alberga para transformarlo
en un lugar de ritual que involucre al espectador activamente, y que
obedezca a su intención de crear un ámbito real dentro
del cual se desarrolle el rito de la vida-muerte: Eros y Tánatos
en una eterna danza, en la que el uno se apoya en el otro para dar
existencia al milagro de la creación universal.
Un trígono colgante se presenta como el módulo
inicial que da origen a la propuesta. En él se debaten en sus
tres caras, las energías de la materia en conjunción
con los elementos esenciales de la formación, un poema flota
en el interior de una de ellas y la da nombre al elemento: “Gira
vientos”. Luego, como el sendero de la vida, nueve paneles flotantes
con imágenes de las energías del hombre, la mujer y
la vegetación, constituyen “Los árboles del Paraíso”
que forman un laberinto que conduce a tres módulos flotantes
y giratorios, de siete caras cada uno, parte central de la propuesta
que tiene como basamento de inspiración los poemas de Orieta
Lozano. El central llamado “La marcha del deseo”, exteriormente
muestra dibujados lineamientos elementales y preformas que son las
estructuras de los seres complejos que se desarrollan en su interior.
El soporte traslúcido de las telas permite que al ser pintadas
por ambos lados, las imágenes de ambas caras se influyan recíprocamente.
Uno de los lados de este eptágono está dividida en dos
secciones, en una de ellas aparece la imagen del hombre y en la otra
la mujer que se constituyen en la puerta de entrada a este penetrable.
En el interior hay una frondosa vegetación y en el centro un
pendiente con el árbol de la vida. Al lado de este módulo,
pende otro similar titulado “El codero de la muerte”en
donde Tánatos ejecuta su danza encarnando y desencarnando y
dejando como constancia la huella de su permanente accionar. Este
módulo es el mas dinámico pues la ejecución pictórica
se ha plasmado por medio de huellas dejadas por el cuerpo entintado,
por fuertes pinceladas expresionistas y salpicaduras de pintura de
acción. El pendiente central, eje de este ambiente, presenta
fotografías que plasman un rito gestual de gran fuerza y expresión
que evoca por momentos un oficio chamánico. La transparencia
de las telas hace que el espectador perciba al mismo tiempo el movimiento,
la encarnación y la estructura de los cuerpos que danzan al
girar el módulo en su entorno. El tercero de estos heptágonos
giratorios se llama “El solar de la pasión” en
donde se presenta la máquina del universo que transcurre en
nuestro entorno como gran reloj que no sólo pauta el tiempo
sino que se hace escenario de la creación donde transcurre
la existencia, influida por la energía de sus mecanismos y
la magia de sus constelaciones, produciendo una gran sinfonía
universal.
Sobre los muros completan esta instalación
las fotografías digitales que ha hecho el artista con autorretratos,
en donde evoca los momentos chamánicos de la creación
y se constituye así en el oficiante de la ceremonia. Como imagen
soporte está una mano, la mano izquierda del artista que es
el icono de su identificación. Mano que como manifestación
del hemisferio derecho del cerebro representa la creatividad; está
estigmatizada en su centro por un ojo que algunas veces se repite
en las yemas de los dedos auscultando el caos original, percibiendo
los mitos y ritos de lo creado. Estas fotografías de factura
digital, están construidas concienzudamente para lograr las
imágenes requeridas, fundiendo, duplicando, interpolando, aplicando
texturas y colores para conferirles la fuerza y efectividad necesaria
para hacerlas convincentes. El material fotográfico es manejado
de forma pictórica y presenta como resultado la secuencia del
ritual.
El motor de esta ceremonia es el asistente, pues
al penetrar en los módulos y desplazares entre las telas, les
da el movimiento giratorio, haciéndose partícipe y cómplice
al integrarse en la danza.
Esta obra por su planteamiento y estructura va más
allá de lo formulado y estático creando la sensación
de un movimiento constante. El espacio arquitectónico que ocupa,
se convierte en el templo donde se realiza constantemente la ceremonia
del proceso de la creación universal y el tiempo se manifiesta
como el eterno instante.
Edgar Correal
03 – 25 –04